A finales del
siglo XV, Fernando de Rojas, futuro autor de La Celestina y todavía estudiante de Leyes en Salamanca investiga
el asesinato de un catedrático de Teología en una ciudad fascinante y
misteriosa inmersa en una época de grandes cambios y conflictos, donde se
entrecruzan la situación de los judíos y los conversos, las nuevas doctrinas
religiosas y un creciente humanismo. Combina con gran habilidad la novela histórica con
el thriller en una narración llena de enigmas, tensión e intriga.

Decidió probar suerte por la puerta del Azogue, pero estaba cerrada. De
modo que tuvo que rodear la torre de campanas para dirigirse a la entrada
principal. En su camino, estuvo a punto de caer en una zanja llena de agua y de
tropezar con un sillar abandonado. Cuando al fin llegó al pórtico de la
Penitencia, se detuvo un instante para recuperar el aliento. Respiraba con
gran dificultad. Entre sus jadeos, creyó oír el ruido de unos pasos un poco más
allá. Demasiado tarde para escapar; de las espesas sombras que envolvían la
entrada, surgió de pronto una más negra que lo embistió hasta derribarlo.
Desde el suelo, pudo ver con claridad cómo su agresor sacaba un arma de debajo
de la capa y, sin mediar palabra, se la clavaba una y otra vez en el vientre,
en el pecho y en los costados. Paralizado por el horror, no fue capaz de pedir
auxilio. Mientras se desangraba, aún tuvo tiempo de pensar, con consternación,
en lo que le estaba sucediendo. No le importaba tanto morir acuchillado a la
entrada de la catedral como expirar sin haberse confesado, lastrado por una
culpa y un secreto de los que ya no podría librarse por los siglos de los
siglos.
—¡Confesión! —llegó a decir con el último suspiro.
Alberto Pérez director del programa De tú a tú entrevista a Luis García Jambrina.
Un repaso a su exitosa incursión en la literatura
con títulos como 'El manuscrito de piedra', 'El manuscrito de nieve' o 'En
tierra de lobos'. (SEGUNDA PARTE).
Al escritor le importaba mucho mostrar la ciudad de Salamanca y el
ambiente del siglo XV tal y como podía ser entonces. Consultó planos que
hicieron historiadores, y además es una ciudad que conoce muy bien. Dice que en
aquella época todavía no se habían construido los edificios más importantes de
dicha ciudad, ni la Plaza Mayor,, ni la Catedral nueva, ni la Casa de las Conchas
(que se estaba construyendo en ese momento). Por eso quería rescatar
lugares que son menos conocidos o que ya han desaparecido y hacer que eso fuera
visible para el lector; que el lector pasease con Rojas por las calles cuando
lo hacía éste, que viera cómo eran las tabernas, los trabajos… quería que
todo eso fuera una cosa palpable y visible y que se viera de verdad el sitio
donde está situada la novela. Ver los bajos fondos pero también ver los lugares
del poder. Porque, aunque hay un narrador, siempre lo vemos todo a través de
los ojos de Rojas.
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