mardi 20 novembre 2018

Memoria de una chica del siglo 20


Cuando era chica, vivía en un pueblo cuyos alrededores correspondían para mí, sino a la realidad geográfica pero a mis juegos, actividades de niña y a la presencia y el permiso de mis padres.

De este modo mi pequeño mundo familiar no era un gran reino. Pero se extendía bastante al norte hasta las colinas las más altas detrás del cementerio, al sur hasta el río, y al oeste a la finca de mis abuelos. 

 Por supuesto, al centro de mi reino dominaba la casa de mis padres. Se puede decir que era una princesa con dos castillos: la casa paternal y la finca de mis abuelos o casa de verano.

Así en el pueblo de mi infancia, podía hacer mil cosas apasionantes:
Saltar con un pie y subir la centena de marchas de la escalera de la iglesia, merendar o jugar los cacharritos en el escampado de la iglesia ,  nadar en el río con el agua que fluía sobre las piedras y su murmullo, escuchar el viento en la copa de los álamos y mirar a las hojas plateadas que se estremecen , aspirar el perfume de la ropa blanca limpia, un olor a lavanda, arreglada en el gran armario del dormitorio de los padres , sentir la arena dulce de la colina bajo los pies desnudos , ver el circo en la televisión en negro y blanco , buscar por el más bonito y largo plato en el aparador para la comida del domingo y agarrar a escondidas pasas sultanas,  a la puesta del sol escuchar las llamadas de las golondrinas que volaban alrededor del campanario , llamar por teléfono con la operadora un número con dos cifras : el 63, preguntarse porque los adultos no corren , no saltan , es tan bueno , ir a bicicleta por todos los senderos de la colina , sofocando , sin aire , en Nochebuena , en casa , oler la savia del árbol de navidad y la cera de las velas , caminar a orillas del río y mirar a las ranas y los renacuajos …

Los límites imprecisos de mi reino lo hacían casi ilimitado, como mis juegos. En aquellos tiempos, fui persona la más feliz y libre del mundo.

Pero, de antemano, mis padres sabían que esta reina sería demasiado pequeña para toda la vida para sus hijos. Quisieron mudarse a una ciudad por las escuelas, el trabajo…
Hoy día, viajé por varios continentes, atravesé el ecuador, subí montañas más altas que las colinas y me recuerdo de los años dichosos llenos de encanto.
                                                                                                                        Jacqueline S.

1 commentaire:

  1. Muy lindo tu cuento, lo leí y releí con mucho gusto y una punta de nostalgia...
    Qué lo pases muy bien
    Santiago

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